Ciencia, tecnología y putadas tras la invención del telégrafo

Decíamos hace unas semanas que la prehistoria de los sistemas de telecomunicaciones llegaba hasta las primeras décadas del siglo XIX, en un proceso en que la invención de la imprenta (siglo XV) vendría a ser el equivalente al paso del Paleolítico al Neolítico en la evolución humana. Esa época de sistemas de baja tecnología tocó a su fin en el momento en que la ciencia empezó a desentrañar los misterios de la electricidad, un fenómeno físico conocido ya desde tiempos de Tales de Mileto, hace cosa de 25 siglos (!). Los primeros estudios habían venido de la mano de pioneros como William Gilbert (británico del siglo XVI, que bautizó el fenómeno tirando de la palabra griega “ήλεκτρον” = “ámbar”), Otto von Guericke (alemán del siglo XVII, estudioso de los fenómenos de repulsión) y Henry Cavendish (británico del siglo XVIII, que a falta de polímetro medía la intensidad de la corriente eléctrica por el dolor que le producía al atravesar su cuerpo). Luego llegaron grandes contribuciones gracias a Alessandro Volta (milanés, padre de la batería eléctrica), Charles-Augustin de Coulomb (francés, de los primeros que explicaron las cosas a base de fórmulas matemáticas) y Benjamin Franklin (estadounidense, inventor del pararrayos y efigie de los billetes de 100 dólares), entre otros.

En paralelo, estos y otros científicos indagaban sobre las propiedades de los imanes, conocidos ya por los antiguos griegos de Magnesia y utilizados en navegación desde tiempos del chino Shen Kuo, un gran desconocido para Occidente que, con cuatro siglos de adelanto, bien podría mirar de tú a tú (si no por encima del hombro) a nuestro Leonardo da Vinci. El gran hito llegó en 1819 de la mano del danés Hans Christian Oersted, quien descubrió que la electricidad y el magnetismo son dos caras de la misma moneda. Se suele decir que fue un descubrimiento accidental, ya que el bueno de Hans estaría experimentando con baterías y corrientes eléctricas cuando observó que sus maniobras hacían que se moviera la aguja de una brújula que tenía sobre la mesa. Sin embargo, parece ser que Oersted llevaba ya años sospechando de la existencia de relaciones entre los fenómenos eléctricos y magnéticos… sin saber que un italiano llamado Gian Domenico Romagnosi había publicado casi 20 años antes un par de reseñas en prensa que, por así decirlo, ponían el descubrimiento “a huevo“. Image courtesy of Ambro at FreeDigitalPhotos.net Partiendo de las observaciones de Oersted, el francés André-Marie Ampère empezó a desarrollar en 1820 una teoría matemática del electromagnetismo, apoyándose en una serie de experimentos con cables. Entretanto, el alemán Georg Simon Ohm formulaba relaciones básicas entre las magnitudes físicas que influyen en la aparición de corrientes eléctricas. Y en 1831 llegaban contribuciones del inglés Michael Faraday, genio de la experimentación y negado para las matemáticas, que jugando con cables e imanes demostró que un imán en movimiento puede producir una corriente eléctrica. Para cuando tengas unas horas libres, te recomendamos echar un ojo al siguiente documental sobre la historia de la electricidad, que está lleno de curiosidades.

La invención del telégrafo

Con todo lo que ya se sabía sobre la electricidad, la década de 1830 fue testigo de un desarrollo tremendo en materia de telecomunicaciones. En Estados Unidos, Rusia y Europa, algunas de las mentes más brillantes de la humanidad le daban vueltas a la transmisión de impulsos eléctricos por hilos metálicos, con el objetivo de intercambiar información de forma casi instantánea entre dos puntos lejanos. Para empezar, Carl Friedrich Gauss (sí, ÉL) y Wilhelm Eduard Weber consiguieron tender una línea de comunicación de 1200 metros de longitud que seguía la vía del tren en su ciudad (Göttingen, Alemania). Usaban agujas imantadas y diversos aparatos inventados por ellos mismos (magnetómetros, galvanómetros, conmutadores…) para transmitir impulsos eléctricos de un extremo a otro de un cable. Incluso idearon un código basado en el movimiento de las agujas para entenderse. Así, Gauss y Weber presentaron el primer telégrafo eléctrico en 1833, aunque su alcance era bastante reducido (seguramente porque Gauss tampoco estaba a tiempo completo con esto, que si no…).

En el Reino Unido destacó el trabajo de William CookeCharles Wheatstone, que en 1839 instalaron un telégrafo con un alcance de 21 Km entre las estaciones londinenses de Paddington y West Drayton (todavía existentes, a unos 20 minutos la una de la otra). Fue el primer telégrafo en uso comercial y contaba con una especie de pantalla con agujas que eliminaba la necesidad de aprender código alguno. El emisor y el receptor estaban unidos por cinco cables por los que viajaban otras tantas señales eléctricas, moduladas de tal forma que las agujas apuntaban a la letra que se transmitía en cada momento (fíjate en la figura de abajo). Con este mismo sistema, en 1845 se transmitió un mensaje que inició una nueva era en la actuación de la policía: “Se acaba de cometer un asesinato en Salt Hill y el sospechoso ha sido visto comprando un billete de primera clase para el tren a Londres. Viste de cuáquero con un gran abrigo hasta los pies y está en el último compartimento de segunda clase”. El mensaje viajó más rápido que el tren y el asesino (John Tawell, también con historia a sus espaldas) fue arrestado en la estación de destino. Escapar del lugar del crimen suficientemente rápido ya nunca más sería garantía de huida con éxito.

El telégrafo de Cooke y Wheatstone, con una representación de las agujas en el momento de recibir una 'G'.

El telégrafo de Cooke y Wheatstone, con una representación de las agujas en el momento de recibir una ‘G’.

El alcance del telégrafo de Cooke y Wheatstone fue superado por los estadounidenses Samuel Morse y Alfred Vail, que entre 1836 y 1838 desarrollaron un sistema que en lugar de agujas utilizaba unos interruptores accionados por impulsos eléctricos (relés). Este sistema contó con un apoyo decidido por parte del Congreso de EEUU, que al poco tiempo reportó una gran cantidad de dinero a … ¿sus dos inventores? Pues no: a Morse, nada másAunque parece probado que Vail fue artífice de muchas de las mejoras técnicas que hicieron posible el despliegue americano del telégrafo, el dinero, la fama e incluso el apelativo del código de puntos y rayas (impulsos eléctricos cortos y largos) que se utiliza todavía hoy a nivel mundial quedaron para Morse, que debía de contar con amigos mejor colocados y mayor presencia mediática. Vail escribió a Morse en 1848 diciendo que dejaba la Washington and New Orleans Telegraph Company porque, con los 900 dólares que le pagaba al año, malamente podía cuidar de sí mismo.

El código Morse.

Representación de letras y números en el quizás mal-llamado código Morse. Hasta hace poco, cuando se marcaba un gol sonaba esto por la radio.

Sea como fuere, en la década de 1850 las líneas de telégrafo cubrían ya buena parte de las zonas pobladas de Estados Unidos y Europa. Sin embargo, no fue hasta 1861 que se concluyó la línea telegráfica transcontinental que jubilaría definitivamente al Pony Express. No mucho después, en 1866, se tendió un cable telegráfico trasatlántico entre Estados Unidos e Irlanda, de modo que Europa y América quedaban comunicadas en segundos donde anteriormente un barco tardaba entre 15 días y 2 meses en atravesar el océano.

El SS Great Britain, uno de los barcos que viajaban entre Europa y América a mediados del siglo XIX. Bonito, pero… ¡leeeeentooo!

Lo siguiente… el teléfono

Consolidado el telégrafo, en varios lugares del mundo se hacían experimentos para transmitir la voz humana por los mismos hilos. Nuevamente, estamos ante un invento con decenas de padres, pues fueron muchos los que, alentados por la fortuna que había levantado Morse con el telégrafo, quisieron hacer lo propio con lo que unos llamaban “mejoras a la telegrafía”, otros “telégrafo parlante” y otros “teletrófono”, por citar sólo algunos términos. Así se inició una guerra de patentes, demandas y contrademandas que, por sorprendente que parezca (o no, que todos sabemos lo rápido que funcionan los juzgados) sigue siendo un capítulo abierto. De todo ello daremos cuenta en una nueva entrada. ¡…. .- … – .- / .–. .-. — -. – —!

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Comments
5 Responses to “Ciencia, tecnología y putadas tras la invención del telégrafo”
  1. Zaramapoli dice:

    Estupenda entrada, clara y de agradable lectura, como casi todas las que os llevo leídas. Enhorabuena. (hay un error en la fecha de detención de John Tawell, que supongo será 1845)

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  2. […] por su propia cuenta, de manos de fueras de serie como Shen Kuo (a quien ya nombramos en “Ciencia, tecnología y putadas tras la invención del telégrafo”) y Guo Shoujing. Y, por supuesto, también hay evidencias sobradas de conocimientos de […]

  3. […] los sistemas de cables se desarrollaron antes que los de radiación (recordarás que el telégrafo se generalizó varias décadas antes de inventarse la radio). Fue así porque los fenómenos de la […]



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